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El Senedd, sede del parlamento galés en Cardiff Bay. Foto: Wikimedia Commons.
El Senedd, sede del parlamento galés en Cardiff Bay. Foto: Wikimedia Commons.

Carta de lectores · Política internacional

Algo se mueve en las islas

Notas desde una noche electoral en el Reino Unido y la isla de Irlanda. Algo se descompone en el centro político del archipiélago, y otra cosa, todavía indefinida, empieza a tomar forma en los márgenes.

Por Juan Tomás Jara Masson10 de mayo de 20262 min de lectura

La jornada electoral del 7 de mayo, leída al día siguiente con los escrutinios ya abiertos, dejó un mapa político del Reino Unido que no se parece al que veníamos leyendo desde hace décadas. Conviene anotarlo sin euforia y sin diagnóstico definitivo: como ejercicio de observación.

En Gales, Plaid Cymru consiguió 43 bancas y se convirtió por primera vez en la fuerza principal del Senedd. Reform UK quedó segundo con 34. Labour, durante décadas fuerza dominante de la política galesa, cayó a 9. Rhun ap Iorwerth fue elegido First Minister con el apoyo de los miembros de Plaid y de los dos representantes verdes. Algo que durante años sonó periférico pasó al centro del escenario político galés.

Escocia confirma el cuadro con otro dato significativo. El SNP obtuvo 58 bancas y los Verdes 15: juntos, 73 sobre 129. No es una mayoría absoluta del SNP, pero sí una mayoría proindependencia clara en Holyrood. El detalle importa: el SNP perdió seis bancas respecto de 2021, golpeado por desgaste, escándalos internos y competencia electoral; pero el desplazamiento hacia los Verdes mantuvo la fuerza del bloque. La causa no creció de manera lineal: se reordenó.

En Inglaterra, el mapa completa la imagen. Labour sufrió una pérdida severa de bancas locales, Reform UK avanzó con fuerza y los partidos tradicionales volvieron a mostrar dificultades para ordenar una representación estable. Lo que se está rompiendo no es sólo un gobierno: es una forma de intermediación política.

Irlanda del Norte no pertenece exactamente a esta misma noche electoral, pero sí al mismo clima histórico. Sinn Féin ya había sido la primera fuerza en la Asamblea norirlandesa en 2022 y, en 2024, se convirtió en el mayor partido norirlandés en Westminster. La cuestión irlandesa, que durante años pareció administrada por la inercia posterior al Acuerdo de Belfast, vuelve a formularse con otra intensidad. No porque un referéndum de reunificación sea inmediato, sino porque la pregunta dejó de parecer puramente abstracta.

Conviene ser prudente. En Escocia cayó la participación. El SNP ya había sufrido retrocesos previos en Westminster. En Gales, Plaid no tiene mayoría propia. En Inglaterra, Reform todavía debe demostrar si puede transformar voto de protesta en capacidad de gobierno. Pero incluso con esas salvedades, el conjunto deja un panorama difícil de leer con las categorías habituales.

Las naciones celtas se reorganizan políticamente al mismo tiempo que el bipartidismo inglés pierde centralidad. Y eso ocurre, además, con un actor populista de derecha radical capitalizando el vacío de representación.

Para quienes pensamos la democracia liberal como un equilibrio frágil entre representación, instituciones y memoria, todo esto exige atención. No alcanza con celebrar lo nuevo ni con lamentar lo perdido. Hay que mirar con cuidado qué se está construyendo, qué se está desarmando y qué tipo de autoridad política puede nacer cuando el centro deja de ordenar.

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