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Política internacional

Estamos advertidos

La guerra global está más cerca de lo que creemos.

Por Bernardo Gortaire Morejón30 de septiembre de 202618 min de lectura

Lectura en profundidad

Durante la última década, y con mayor intensidad en el ciclo 2023–2026, múltiples indicadores estructurales, económicos, políticos y sociales sugieren que el sistema internacional se encuentra en una fase de deterioro acelerado de los mecanismos que históricamente han contenido los conflictos de gran escala. Lejos de tratarse de un fenómeno espontáneo o coyuntural, esta dinámica responde a patrones históricos recurrentes que, en ciclos previos, precedieron guerras sistémicas con participación directa de la potencia hegemónica de su tiempo. En el presente, el comportamiento interno y externo de Estados Unidos (actual hegemón contestado del sistema internacional) muestra una convergencia preocupante con dichos patrones.[1]

A partir del segundo mandato de Donald Trump, la política exterior estadounidense ha transitado desde la gestión del orden liberal internacional, fundado y promovido bajo su propio beneficio, hacia una lógica explícita de competencia estratégica, negación y coerción. La reconfiguración doctrinal de la estrategia de seguridad nacional publicada a finales de 2025, conocida como “Corolario Trump” o “Doctrina Donroe” constituye un punto de inflexión: Estados Unidos redefine el “Hemisferio Occidental” como espacio de interés vital exclusivo, retomando una lectura maximalista de la Doctrina Monroe, pero adaptada a la competencia con China y Rusia (este último con matices), e incluso con una visión de choque contra sus aliados europeos. Este giro no es meramente retórico como se llegó a pensar en el primer mandato de Trump. Una vez consolidado el proyecto MAGA se traduce en presión directa sobre países bisagra, control de chokepoints estratégicos y disposición pública a emplear instrumentos coercitivos.[2]

El caso del Canal de Panamá es ilustrativo. Pronunciamientos del presidente Donald Trump sobre “recuperar” el control del canal, así como las advertencias explícitas del secretario de Estado Marco Rubio respecto a la influencia china en infraestructuras portuarias panameñas, revelaron una lógica de negación estratégica típica de etapas preconflicto.[3] Históricamente, cuando una potencia hegemónica prioriza el control directo o indirecto de nodos logísticos críticos, suele hacerlo ante la percepción de que el equilibrio sistémico se erosiona y que la interdependencia ya no es suficiente para garantizar seguridad. La protección del canal está conectada con las teorías del estratega naval estadounidense Alfred Mahan, por lo que se deja de lado el patrón de tolerancia liberal de las últimas décadas y se vuelve a reclamar una postura realista sobre la gestión de los espacios geoestratégicos.[4]

Una dinámica similar se observa en Venezuela. El proceso de escalada militar en El Caribe, movilizando hasta un 30% de las capacidades de la Armada estadounidense, demostró no ser un “bluff” tras la controversial pero eficiente captura de Nicolás Maduro. Por otro lado, las declaraciones públicas de Trump, matizadas por Rubio, sobre la incautación y comercialización de hasta 50 millones de barriles de petróleo venezolano bajo control estadounidense, así como la intensificación de sanciones y operaciones de interdicción, encajaron con el patrón histórico de securitización de recursos estratégicos previo a conflictos mayores.[5]

La transición bajo el régimen de Delcy Rodríguez ha sido estratégica, aunque mezquina con las esperanzas de la oposición que anhelaba con ver a los herederos de Chávez caer. La dictadura venezolana cambio de rostro y de patrón y ahora se presta como socio estratégico en el ámbito de hidrocarburos y minerales, en un momento en el que Estados Unidos requería un contrapeso para lograr sus objetivos en Irán. La administración de Trump ha sido clara en dar a entender que su prioridad no está en la democracia, sino en asegurar el control de los recursos.

En ciclos anteriores, desde el petróleo en la primera mitad del siglo XX hasta los granos en la Antigüedad, el control coercitivo de recursos ha sido un marcador temprano de escaladas sistémicas. Cuba (que Estados Unidos considera que colapsará bajo su propio peso al no tener apoyo venezolano y al que se le han impuesto mayores sanciones), Nicaragua (otra de las dictaduras del continente americano que ha optado por encerrarse en la autarquía), Brasil y México (a pesar de diálogos relativamente amistosos entre Trump y Sheinbaum, e incluso el propio Petro) están condicionados y no se ha descartado usar la fuerza militar en su contra.

Lo que ha ocurrido con las elecciones en Colombia también ha sido revelador. A pesar de las cifras positivas que respaldaban a la administración de Gustavo Petro en varios indicadores macroeconómicos y sociales, el país se decantó por un candidato antagónico, que le garantice al país más cercanía con la Casa Blanca de Trump. Abelardo de la Espriella, el estrambótico exdefensor de paramilitares, ciudadano estadounidense, y abierto defensor de Trump no tardó en revelar que su misión es un realineamiento total con Estados Unidos y, llamativamente, Israel. La reacción ante el terremoto del 10 de agosto de 2026 fue clara: es mejor sacrificar a mis ciudadanos antes que mantener vínculos activos con los voceros de la izquierda global.

Esa parece ser la tónica que la derecha reaccionaria pone en todos sus titulares, pero que la academia y otros entornos de autoridad epistemológica se niegan a aceptar. La “guerra cultural” pasó de ser un discurso de YouTube y redes sociales y se integró como política pública transnacional. Atrás va quedando, apenas como rezago, el espacio de tolerancia a las diferencias ideológicas como el orden natural de la filosofía humana que puede ser debatido y abrazado como un mérito. El momento actual llama a la destrucción y daño del enemigo.

El ejemplo más claro está en Medio Oriente. Gaza ha sido devastada a vista y paciencia del mundo, al punto en el que ni siquiera se puede llevar con certeza el número de muertos, transformando a decenas de miles en algo anecdótico, sin ningún remordimiento.[6] Netanyahu ha sido blindado y sirve como operador regional para debilitar a los segmentos islámicos tan ajenos y opuestos a Washington. El pago de favores se da incluso en términos institucionales, la carrera para defenestrar al sistema de Naciones Unidas, incluyendo a la Corte Internacional de Justicia y a la Corte Penal Internacional se da tanto en el ámbito digital como en los escenarios políticos, diplomáticos y económicos.

Esto puso en evidencia que el velo de beatificación que algunos funcionarios y magistrados internacionales llegaron a creer que tenían no era tal. De poco ha servido la prudencia, asumir posturas de neutralidad técnica y ser serviles a los financistas del sistema multilateral. El aparato está siendo ahogado desde adentro y la consigna es clara: hay un nuevo orden global y las agendas desarrollistas y liberales son cosa del pasado.

Por supuesto que el sistema opondrá resistencia. En primera instancia, el régimen iraní fue prácticamente doblegado en dos semanas, perdiendo a gran parte de su cúpula político-religiosa y militar, y ha sido expuesto a la presión interna de manera que ha inutilizado su proyección internacional.[7] Sin embargo, el daño provocado a las bases estadounidenses e instalaciones de sus aliados en la región, así como el ahorcamiento del Estrecho de Ormuz le han dado aires a Irán (y a sus aliados ideológicos internacionales) para creer que no todo está perdido.

Y es verdad. No se necesita que todas las piezas del rompecabezas estén en una misma línea narrativa para hablar de un nuevo orden global. Irán puede mantenerse como un contrapeso que hiere y contiene al eje Trump-Netanyahu. Sin embargo, no lo hace con comodidad y tiene su propia carrera contrarreloj internamente. Los segmentos que se oponen al régimen de los Ayatolás existen, pueden ser contenidos en las manifestaciones a través de la fuerza, y en la política a través del espionaje y el sistema carcelario, pero su existencia seguirá siendo nutrida desde afuera.

Y es que no hay que ir muy lejos en el mapa como para entender que el giro internacional es tolerante a “males menores”. En Siria se aceptó el ascenso de una persona considerada de los peores terroristas mundiales hace un par de años, mientras Turquía e Israel se reparten el antiguo feudo del dictador caído en desgracia, Bashar-el-Assad.[8] Los autoritarios están recibiendo una salida de escape. La violación de Derechos Humanos y del derecho internacional pueden ser ignoradas en tanto se presten para el alcance de objetivos de orden económico.

Por otro lado, en el plano político-interno, Estados Unidos muestra signos claros de securitización doméstica. El discurso migratorio ha evolucionado desde marcos legales hacia narrativas identitarias y civilizatorias, con referencias étnicas, con explícito tono racista, en declaraciones del presidente Trump y de figuras clave como Stephen Miller. Datos del Departamento de Seguridad Nacional indican más de 622.000 remociones y aproximadamente 1,9 millones de “auto-deportaciones” en 2025, cifras que reflejan una movilización coercitiva de gran escala.[9]

Incluso la Corte Suprema suspendió una orden que restringía determinadas detenciones de ICE en Los Ángeles y permitió que, mientras continúa el litigio, factores como el lugar, el tipo de trabajo, el idioma o la apariencia étnica sean considerados conjuntamente para establecer sospecha razonable.[10] Aunque la etnicidad aparente por sí sola no puede justificar una detención, las pruebas audiovisuales demuestran la brecha entre la ley y la práctica: los agentes de ICE se encuentran en cacería permanente de todo aquel que rompa con el estándar visual de lo que “debería ser” un estadounidense. La historia demuestra que la etnificación del discurso político y la construcción del “enemigo interno” suelen preceder políticas exteriores más agresivas, al reducir los costos políticos internos de la confrontación.

Hacia adentro también existen algunos focos de resistencia, con algunas figuras políticas que han cuestionado abiertamente la situación; entre las que se encuentran, Alexandria Ocasio-Cortez, Bernie Sanders y los gobernadores Gavin Newsom, Tim Walz, así como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Algunos grupos de activistas también se han organizado colectivamente para responder a la escalada contra los migrantes. No obstante, en el día a día poca ha sido la resistencia contra este proceso que, por el contrario, es ampliamente respaldada por la base política de Donald Trump. El asesinato de Renee Nicole Good en Minneapolis se prestaba como un punto de quiebre, pero, por ahora, ni siquiera el envío indiscriminado de migrantes a países que ni siquiera son suyos, dejando a cientos de personas aisladas bajo la tutela de dictaduras africanas, o al campo de concentración salvadoreño, del CECOT, han logrado articular un postura que frene al DHS ni a ICE.[11]

En paralelo, se suma una reconfiguración profunda del aparato de seguridad y defensa. Estados Unidos ha presentado para 2027 una solicitud de aproximadamente 1,5 billones de dólares en recursos presupuestarios totales para defensa, desde un techo global de defensa de aproximadamente 1 billón de dólares aprobado para 2026, en un contexto de presión explícita sobre la industria para acelerar producción de municiones y plataformas.[12] Trump ha exigido públicamente a los contratistas del sector defensa aumentar su inversión y generar nuevas fábricas dentro de su territorio.

Este salto fiscal-industrial, que no responde a una necesidad real pues Estados Unidos es de por sí el país con la capacidad militar más poderosa del mundo. De esta manera, se alinea más bien con patrones observados antes de las dos guerras mundiales cuando la potencia dominante inició procesos de movilización económica parcial bajo la narrativa de “tiempos peligrosos”. En términos políticos todo coincide con la ideología imperante en la cúpula del poder con la perspectiva de que unos pocos están destinados a gobernarlo todo, y los más débiles, o los diferentes, deben aceptarlo como una realidad natural.

La relación de Estados Unidos con la OTAN refuerza este diagnóstico. Aunque Washington ha reafirmado simbólicamente su compromiso con la Alianza, con Mark Rutte cumpliendo un lamentable papel de adulador, también se ha presionado un aumento histórico del gasto de defensa hasta el 5% del PIB de los aliados para 2035.[13] Ya ha habido cruces de tono elevado provocados por el giro que Trump le ha dado a la dinámica de apoyo a Ucrania. Volodimir Zelensky pasó de ser aplaudido en el Congreso de los Estados Unidos a ser humillado públicamente por una administración que se muestra dócil con la Rusia de Putin y severo con el Estado invadido.

Los socios europeos han tratado de unir fuerzas para condicionar a Estados Unidos a reforzar su apoyo en la defensa territorial de Ucrania, pero la ambigua postura desde la Casa Blanca sigue generando incomodidad profunda para los miembros de la Alianza Atlántica.

Esto se ha agravado aún más con las declaraciones reiteradas de Trump sobre la “necesidad” de que Estados Unidos por controlar Groenlandia por razones de seguridad nacional. Con Stephen Miller, subjefe de gabinete para política y asesor de seguridad interior, defendiendo públicamente que Estados Unidos se puede permitir la ocupación de cualquier Estado más débil, y un Departamento de Estado dispuesto a presionar la compra de Groenlandia pese al quiebre que ello implicaría con Dinamarca (uno de los aliados más leales de la OTAN), se introduce una ambigüedad estratégica dentro de la propia alianza. Este es un fenómeno históricamente asociado a mayor riesgo de errores de cálculo y escaladas no intencionadas, que incluso marcó los cambios de bando durante las dos guerras mundiales.[14]

Pero esto no es todo. Desde la óptica académica, autores como Robert Gilpin, Paul Kennedy y Jack Levy han demostrado que las guerras hegemónicas tienden a emerger cuando confluyen el estrés fiscal, las ventajas ofensivas percibidas por parte de una potencia, y las fallas de la capacidad de negociación. El caso contemporáneo presenta una convergencia notable: la fragmentación geoeconómica documentada por el FMI y UNCTAD (organismo del cual Estados Unidos se separó como parte de una enorme lista de 66 organizaciones abandonadas por Estados Unidos); el rearmamento internacional acelerado según el IISS; la polarización política interna señalada por varias instancias, incluyendo a Freedom House y V-Dem; y la proliferación de doctrinas de negación regional explícitas en pronunciamientos oficiales.[15]

Donald Trump desprecia el sistema que su propio país fundó como ganador de la Segunda Guerra Mundial. Es más, ha llegado a afirmar que no necesita derecho internacional y que sus decisiones están basadas en su propia moral. Esto queda claro con el abandono de decenas de instituciones multilaterales y el cierre de USAID.[16] Con esto se ha ahogado a la burocracia internacional y a un amplio sector de quienes trabajaban en procesos de democratización, desarrollo económico, lucha contra el cambio climático y paridad de género. Aunque esto pueda ser percibido con agrado por parte del conservadurismo reaccionario, los resultados pueden traducirse en un deterioro de las condiciones de vida y supervivencia de decenas de miles de beneficiarios alrededor del mundo, lo que a su vez abre las puertas a la conflictividad y, sobre todo, a la pérdida de un paraguas de prevención de tensiones a nivel interestatal.

Nada de lo anterior implica determinismo ni inmediatez categóricas; por supuesto que hay matices y errores en las contrapartes de izquierda, que tuvieron su momento para demostrar un mejor modelo. Sin embargo, la acumulación simultánea de los factores mencionados, especialmente cuando emanan del comportamiento del hegemón que ha servido como garante del sistema por décadas, constituye una señal histórica robusta hacia el colapso.

En ciclos previos, cuando la potencia dominante endureció su política interna, redefinió sus intereses vitales de forma excluyente y trasladó la lógica de seguridad y nacionalismo a múltiples dominios (económico, migratorio, territorial y tecnológico), el resultado fue un entorno sistémico altamente propenso al conflicto de gran escala. El deterioro del sistema multilateral liberal recuerda a las instancias de fracaso de la Sociedad de Naciones y el fin del llamado Concierto de Europa.

En suma, el mundo no se encamina al conflicto global por un evento aislado, ni por la búsqueda de alertar a cualquier lector de estos párrafos, sino por la convergencia de patrones históricos reconocibles. La política de Estados Unidos, en su dimensión interna y externa, actúa hoy como un acelerador central de estas dinámicas. Todavía hay ciertos factores de contención; algunos confían en que una victoria demócrata en las midterms de noviembre de 2026 podría generar un contrapeso al desenfrenado proceso de desacoplamiento global promovido por la Casa Blanca de Trump, respaldado por la mayoría republicana en el legislativo.

No obstante, Estados Unidos ha tenido un golpe muy duro en su poder blando. Muchos de sus aliados han perdido la confianza en el liderazgo estadounidense, sobre todo porque se interpreta que, incluso si Trump sale del poder, en cualquier momento la configuración de fuerzas políticas puede volver a colocar a un líder tan nocivo contra el orden liberal. A los ocupantes de la Casa Blanca, del Congreso y el Senado parece no importarles y más bien han acelerado su narrativa populista radicalizante. Por ahora la misión es consolidar un espacio de mayor comodidad para la población blanca, aunque esto pueda representar serios costos para el resto de los habitantes del país y del mundo.

En este sentido, ignorar las señales de un gran conflicto global no es un acto de prudencia académica sino repetir, con nuevos actores y tecnologías, errores estratégicos ampliamente documentados por la historia. Algunos miran con ilusión a China, e incluso a Rusia, pero estos Estados están condicionados en sus capacidades reales de desafiar a Estados Unidos en términos materiales. También se debe señalar que su alternativa político-ideológica no está exenta de aspectos de alerta y merecedores de crítica.

De esta manera, el deterioro del sistema multilateral y la ausencia de capacidad real de poner freno a las potencias, y en especial a sus élites, ha retornado al mundo a un escenario donde la guerra interestatal vuelve a ser carta de uso común. En el corto plazo la amenaza del uso de la fuerza por parte del hegemón puede asentar su control sobre los Estados más débiles del hemisferio, pero tarde o temprano los intereses encontrados de las potencias pueden provocar que la generación que olvidó lo que es una Guerra Mundial tenga que pagar cara su falta de memoria histórica.

Nota metodológica:

Las inteligencias artificiales ChatGPT y Claude fueron utilizadas para los procesos de consulta y verificación de fuentes, validación de datos y cifras, y para la inserción de notas de referencia dentro del formato correspondiente.

Referencias

  1. Uppsala Conflict Data Program (UCDP), “Sharp Increase in Conflicts and Wars,” press release, June 11, 2025; SIPRI. “Unprecedented Rise in Global Military Expenditure as European and Middle East Spending Surges.” Press release. Stockholm International Peace Research Institute, April 2025. https://www.sipri.org/media/press-release/2025/unprecedented-rise-global-military-expenditure-european-and-middle-east-spending-surges; Gortaire Morejón, Bernardo. Dragón Ascendente, Águila Desafiante: Desentrañando la competencia hegemónica entre China y Estados Unidos. 1.ª ed. electrónica. Universidad de las Fuerzas Armadas-ESPE, diciembre de 2023. ISBN 978-9942-765-97-0. ↑

  2. The White House, National Security Strategy 2025 (Washington, DC: The White House, 2025), especially the section titled “The Trump Corollary.” ↑

  3. Associated Press. “Trump Revives Interest in Buying Greenland as US Eyes Strategic Arctic and Atlantic Positions.” AP News, December, 2023. https://apnews.com/article/trump-greenland-norway-panama-canal-canada-a52858e3075f9b5ad95e78753293fc1f; Associated Press. “China, US Tussle for Influence over the Panama Canal amid Belt and Road Tensions.” AP News, February, 2025. https://apnews.com/article/china-us-panama-canal-belt-road-9452852d8e074902d3f2a75fa73f5060 ↑

  4. Mahan, Alfred T. The Influence of Sea Power upon History, 1660–1783. 12th ed. Boston: Little, Brown and Company, 1918. ↑

  5. Maher, Kit, Kaitlan Collins, and David Goldman. “Venezuela Turns Over Millions of Barrels of Oil to the US under Trump Administration Deal.” CNN, January 6, 2026. https://www.cnn.com/2026/01/06/business/venezuela-turning-over-oil-trump; Singh, Kanishka, and Akanksha Khushi. “US Oversight of Venezuela May Last Years, Trump Tells NYT.” Reuters, January 8, 2026. https://www.reuters.com/world/americas/trump-says-us-oversight-venezuela-could-last-years-nyt-reports-2026-01-08/ ↑

  6. United Nations Office for the Coordination of Humanitarian Affairs (OCHA), Occupied Palestinian Territory. “Reported Impact Snapshot | Gaza Strip (19 August 2026).” August 24, 2026. https://www.ochaopt.org/content/reported-impact-snapshot-gaza-strip-19-august-2026 ↑

  7. Reuters. “Trump Threatens Iran over Protest Crackdown as Deadly Unrest Flares.” Reuters, January 2, 2026 (updated January 2, 2026). https://www.reuters.com/world/middle-east/trump-threatens-iran-over-protest-deaths-unrest-flares-2026-01-02/ ↑

  8. Reuters. “US Revokes Foreign Terrorist Designation for Syria’s HTS.” By Humeyra Pamuk. Reuters, July 7, 2025. https://www.reuters.com/world/middle-east/us-ends-foreign-terrorist-designation-syrias-hts-2025-07-07/ ↑

  9. Department of Homeland Security. “Under President Trump and Secretary Noem, the Department of Homeland Security Has Historic Year.” U.S. Department of Homeland Security, December 19, 2025. https://www.dhs.gov/news/2025/12/19/under-president-trump-and-secretary-noem-department-homeland-security-has-historic ↑

  10. Reuters, Florido, Adrian. “Supreme Court Allows Quick Third-Country Deportations, for Now.” NPR, June 23, 2025. https://www.npr.org/2025/06/23/nx-s1-5442676/supreme-court-allows-quick-third-country-deportations-for-now; Supreme Court of the United States. Noem v. Vasquez Perdomo, No. 25A169, September 8, 2025. https://www.supremecourt.gov/opinions/24pdf/25a169_5h25.pdf ↑

  11. Reuters, Reuters. “Venezuelans Held in Salvadoran Prison Look to Challenge Deportation in US Court.” Reuters, December 26, 2025. https://www.reuters.com/legal/government/venezuelans-held-salvadoran-prison-look-challenge-deportation-us-court-2025-12-26/; Venkatraman, Sakshi. “US Immigration Agent Fatally Shoots Woman in Minneapolis.” BBC News, January 2026. https://www.bbc.com/news/articles/c0jvnl4j1n4o ↑

  12. Executive Office of the President. Budget of the U.S. Government, Fiscal Year 2027. Washington, DC: U.S. Government Publishing Office, 2026. https://www.govinfo.gov/content/pkg/BUDGET-2027-BUD/pdf/BUDGET-2027-BUD.pdf ↑

  13. North Atlantic Treaty Organization (NATO). “The Hague Summit Declaration.” Official Texts and Resources, June 25, 2025. https://www.nato.int/en/about-us/official-texts-and-resources/official-texts/2025/06/25/the-hague-summit-declaration ↑

  14. Lotz, Avery. “Miller Says No One Would Stop U.S. from Seizing Greenland.” Axios, January 6, 2026. https://www.axios.com/2026/01/06/stephen-miller-greenland-europe-nato; The White House. “Expanding Capabilities to Combat Transnational Cyber-Enabled Crime.” Presidential Memorandum, August 12, 2026. https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2026/08/expanding-capabilities-to-combat-transnational-cyber-enabled-crime/ ↑

  15. Robert Gilpin, War and Change in World Politics (Cambridge: Cambridge University Press, 1981); Paul Kennedy, The Rise and Fall of the Great Powers: Economic Change and Military Conflict from 1500 to 2000 (New York: Random House, 1987); Jack S. Levy, “Declining Power and the Preventive Motivation for War,” World Politics 40, no. 1 (1987): 82–107; Aiyar, Shekhar, Jiaqian Chen, Christian H. Ebeke, Roberto Garcia-Saltos, Tryggvi Gudmundsson, Anna Ilyina, Alvar Kangur, Tansaya Kunaratskul, Sergio L. Rodriguez, Michele Ruta, Tatjana Schulze, Gabriel Söderberg, and Juan P. Treviño. “Geoeconomic Fragmentation and the Future of Multilateralism.” Staff Discussion Notes 2023, no. 001 (2023). Accessed January 9, 2026. https://doi.org/10.5089/9798400229046.006; McGerty, Fenella, and Karl Dewey. “Global Defence Spending Soars to New High.” International Institute for Strategic Studies (IISS), February 2025. https://www.iiss.org/online-analysis/military-balance/2025/02/global-defence-spending-soars-to-new-high/; Freedom House. “United States: Freedom in the World 2025.” Freedom in the World. 2025. https://freedomhouse.org/country/united-states/freedom-world/2025; V-Dem Institute. Democracy Report 2025: Democracy Under Siege. Gothenburg: V-Dem Institute, 2025. https://www.v-dem.net/documents/60/V-dem-dr__2025_lowres.pdf; The White House. “Fact Sheet: President Donald J. Trump Withdraws the United States from International Organizations That Are Contrary to the Interests of the United States.” White House Fact Sheets, January 2026. https://www.whitehouse.gov/fact-sheets/2026/01/fact-sheet-president-donald-j-trump-withdraws-the-united-states-from-international-organizations-that-are-contrary-to-the-interests-of-the-united-states/ ↑

  16. The White House. “Fact Sheet: President Donald J. Trump Withdraws the United States from International Organizations That Are Contrary to the Interests of the United States.” White House Fact Sheets, January 2026. https://www.whitehouse.gov/fact-sheets/2026/01/fact-sheet-president-donald-j-trump-withdraws-the-united-states-from-international-organizations-that-are-contrary-to-the-interests-of-the-united-states; Faguy, Ana. “La condena al cierre de la agencia de ayuda USAID ordenado por Trump y que unió a Obama y a Bush.” BBC News Mundo, July 2025. https://www.bbc.com/mundo/articles/cy9x88j7373o ↑

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